sábado, 17 de noviembre de 2018

Notas C. Paz 104 3P 2018

C. PAZ  2018   104   3P Prof: Raúl A Avila R SESIÓN 4 SESIÓN 5 TRABAJO TEMA EJE3 EJE4 EXP     TEMA   EJE3 EJE4 50 % 20 % 5    % 5    % 20 % 100 %
N Nombre 1 PA 2 PA 3 PA 4 PA P Trim Auto Coev Acti  
1 AMARILES SALAZAR MARÍA CAMILA 1,0 3,5 1,0 3,5 3,5   4,0   3,6 3,6 4,0 4,0 4,8 3,9
2 ARRIETA BUILES PAULA ANDREA 4,5   3,8   3,5   1,0   3,2 3,2 4,0 4,0 4,3 3,5
3 ARTEAGA ZAPATA SARA VALENTINA 4,3   4,0   3,0   4,5   4,0 4,0 4,0 4,0 4,3 4,0
4 ATEHORTÚA ACOSTA JULIANA 4,0   4,0   3,6   4,5   4,0 4,0 4,0 4,0 4,3 4,1
5 ÁVILA RAMOS NATALIA 4,3   4,0   4,0   4,5   4,2 4,2 4,0 4,0 4,3 4,2
6 BALBÍN MADERA PAOLA ANDREA 4,3   4,0   3,8   4,0   4,0 4,0 4,0 4,0 3,8 4,0
7 CALLE EDWIN ALEJANDRO 4,0   4,0   4,0   4,5   4,1 4,1 4,0 4,0 4,3 4,1
8 DAVID GRAJALES DAYANA SOFÍA 4,0   3,5   3,8   4,0   3,8 3,8 4,0 4,0 4,0 3,9
9 GARAVITO ARGUMEDO ANA SOFÍA                            
10 GAVIRIA MEJIA VALENTINA 4,0   4,0   3,5   4,0   3,9 3,9 4,0 4,0 3,8 3,9
11 GÓMEZ RUA VALENTINA 4,3   4,0   3,0   4,5   4,0 4,2 4,0 4,0 3,8 4,0
12 GONZÁLEZ MARIN VALENTINA 1,0 3,0 1,0 3,5 3,5   4,0   3,5 3,5 4,0 4,0 4,0 3,7
13 GONZÁLEZ OTALVARO YEFRY ALEXANDER                            
14 GONZALEZ VILLA MIGUEL ANGEL 1,0 3,6 1,0 3,6 3,6   4,5   3,8 3,8 4,0 4,0 4,5 4,0
15 GRACIANO SUAREZ KEVIN                            
16 HENAO ZULETA LUISA FERNANDA 4,8   5,0   3,0   4,5   4,3 4,3 4,0 4,0 4,5 4,3
17 HIDALGO ZAPATA MARIANA  4,5   4,5   3,5   4,0   4,1 4,1 4,0 4,0 4,3 4,1
18 JARAMILLO GIRALDO MARIA CAMILA 1,0 3,8 1,0 3,8 3,5   4,0   3,8 3,8 4,0 4,0 4,0 3,8
19 LONDOÑO GÓMEZ MARIANA 1,0   1,0   4,0   4,5   2,6 2,6 4,0 4,0 4,3 3,1
20 LONDOÑO VILLA MIHAEL JACOB 1,0 3,8 1,0 3,8 3,8   4,0   3,9 3,9 4,0 4,0 4,8 4,1
21 LOPERA DÍAZ JULIANA 4,3   4,8   4,0   4,5   4,4 4,4 4,0 4,0 4,0 4,3
22 MARÍN PÉREZ MARIANA 4,5   4,0   3,6   4,5   4,2 4,2 4,0 4,0 4,5 4,2
23 MARTÍNEZ LEITON SEBASTIÁN                            
24 MONTOYA JARAMILLO MARÍA JOSÉ  
25 OSPINA MORENO VANESSA                            
26 PARRA GONZÁLEZ LAURA MICHELL 4,5   4,0   3,5   4,0   4,0 4,0 4,0 4,0 3,8 4,0
27 PARRA URIBE MARIA VALENTINA                            
28 QUICENO TAPIAS JESSENIA 4,3   4,5   4,0   4,5   4,3 4,3 4,0 4,0 4,0 4,2
29 QUIROZ LOAIZA MICHAEL 4,5   3,5   3,5   4,0   3,9 3,9 4,0 4,0 3,5 3,8
30 RADA GARCIA VALENTINA 3,8   4,0   3,8   4,0   3,9 3,9 4,0 4,0 4,0 3,9
31 RAMÍREZ MESSA DIANA YULITZA 4,5   4,8   3,5   4,0   4,2 4,2 4,0 4,0 4,3 4,2
32 RAMÍREZ PATIÑO JOSÉ DAVID 4,3   4,5   3,5   4,0   4,1 4,1 4,0 4,0 4,3 4,1
33 RIVERA MUÑOZ CARLOS ANDRES                            
34 RIVERA ZAPATA MIGUEL ÁNGEL 1,0   1,0   3,0   4,5   2,4 2,4 4,0 4,0 4,3 2,9
35 SALDARRIAGA GUTIERREZ EVELYN SUSANA 3,8   4,0   3,5   4,0   3,8 3,8 4,0 4,0 4,5 4,0
36 SALDARRIAGA MAZO LISETH 4,0   3,5   3,8   4,0   3,8 3,8 4,0 4,0 4,3 3,9
37 VELÁSQUEZ PATIÑO YEISON ESTIVEN 1,0 3,5 1,0 3,5 4,0   4,5   3,9 3,9 4,0 4,0 4,0 3,9
38 VERGARA VARGAS XIOMARA 4,3   4,5   4,0   4,5   4,3 4,3 4,0 4,0 4,0 4,2
39 VILLEGAS ZAPATA JUAN DAVID 1,0 3,5 1,0 3,5 3,8   1,0 3,6 3,6 3,6 4,0 4,0 4,3 3,8
40 ZAPATA GAITÁN CARLOS MARIO                            
41 ZAPATA LUJAN MARÍA PAZ 4,0   3,5   3,8   4,0   3,8 3,8 4,0 4,0 4,0 3,9
42 ZULUAGA RENDÓN MARÍA CAMILA 1,0 3,5 1,0 3,5 3,8   4,0   3,7 3,7 4,5 4,0 3,8 3,8

sábado, 10 de noviembre de 2018

PENDIENTES

TODOS LOS PENDIENTES: TRABAJOS, EXPOSICIONES Y PLANES DE APOYO, PARA EL MARTES 13 DE NOVIEMBRE A LA PRIMERA HORA.

viernes, 5 de octubre de 2018

PLAN TERCER PERIODO


CATEDRA PARA LA PAZ
3° PERIODO
DECIMOS 1, 2, 3, Y 4

EJE 3: Actores del conflicto y constructores de paz.
EJE 4: Estrategias de Paz en el conflicto interno colombiano.

TEMAS DE CONSULTA Y EXPOSICIÓN
1. ¿Qué es un constructor de Paz?

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2. Jóvenes constructores de paz.

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3. Características de posconflicto.

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4. Normatividad para el posconflicto en Colombia.

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5. Cooperación internacional en el posconflicto Colombiano.

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6. Temas estratégicos para el posconflicto Colombiano.

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7. La paz desde el hogar.

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8. ¿Qué puedo hacer por la paz?

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9. La paz desde la escuela.

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10. Cultura de paz.

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ENTREGABLE
1. En un cuaderno de clase que se encuentre al día.
2. Portada.
3. Desarrollo.
4. Tres preguntas selección múltiple del tema con respuesta correcta.
5. Referencias bibliográficas y cibergráficas.

EXPOSICIÓN
Ø Tiempo: de 20 a 30 minutos.
Ø Todos deben intervenir.
Ø No leer, no celulares.
Ø Se pueden apoyar en dos carteleras y/o una ficha bibliográfica.



ESCALAMIENTO DEL CONFLICTO


TOMADO DE POLÍTICA CRÍTICA revista digital.

EL ESCALAMIENTO DEL CONFLICTO Y EL NEGOCIO DEL NARCOTRÁFICO

Entre mediados de los años ochenta y principios de los noventa, la gobernabilidad en Colombia entra en crisis, y se acompaña de un recrudecimiento de la violencia en el país, en el que participan como actores el Estado, los narcotraficantes, las guerrillas y el paramilitarismo (Echandía, 2004; Pizarro, 2004; 2011). Las fallas y deficiencias en las Fuerzas Armadas Colombianas eran una clara muestra de la erosión del Estado colombiano. Esto conllevó, por una parte, a la conformación de grupos de seguridad privada por parte de las élites económicas del país – privatización de la seguridad armada – y de agrupaciones de limpieza social, con el objetivo de disminuir las tasas de criminalidad y buscando protección ante las acciones de los grupos guerrilleros. Por otra parte, la conformación de los grupos de autodefensa había sido autorizada también por el Estado, con la Ley 48 de 1968, conocida también como la Ley de Defensa Nacional.
Se observa pues que esta época en Colombia está marcada por la aparición de nuevos actores: los carteles de la droga y las Autodefensas Unidas de Colombia – AUC – más conocidas como “paramilitares”. Aunque este último grupo surge inicialmente como un conjunto de grupos de autodefensa apoyados por grandes terratenientes y por el Estado – de ahí sus nexos con el Ejército colombiano en lo que se hacía llamar “lucha contrainsurgente” – su transformación progresiva vinculada a la participación en el negocio del narcotráfico son elementos que juega un papel clave en la evolución del conflicto en Colombia, particularmente en lo que concierne el desplazamiento forzado interno (Pécaut, 2004; Pardo, 2007; Pizarro, 2004).
Asimismo, en esta década los grupos guerrilleros – particularmente las FARC – aprovechan para fortalecerse militar y políticamente (Echandía, 2004; Pizarro, 2011). Encontramos pues que las FARC, buscando el crecimiento, la expansión y el fortalecimiento militar, entran a formar parte directa del complejo entramado que constituye la infraestructura del negocio del narcotráfico en Colombia. (Echandía, 2004; Pizarro, 2004; 2011; Pécaut, 2008).
Así, el narcotráfico como economía y como organización emprendió un proceso de penetración de todas las esferas del país, abarcando los grupos armados al margen de la ley y otras instituciones, pasando por la guerrilla, los grupos paramilitares, las instituciones estatales, en fin, la sociedad colombiana en toda su complejidad (Echandía, 2004; Gómez, 2008). El narcotráfico como fenómeno político y económico en Colombia ha producido una abismal crisis institucional, ya que tanto los partidos políticos, como el Congreso, las administraciones locales, los grupos al margen de la ley – ya sean grupos de guerrillas o paramilitares –, las Fuerzas Armadas, entre otros, han sido penetrados de una u otra forma por los dineros de este negocio y su poder de corrupción (González, 1989; Pizarro, 2004; Osorio, 2006).
En efecto, este fenómeno ha logrado acceder a todos los espacios, al punto de transformar e incluso crear nuevas élites locales y regionales. La descentralización y supuesta autonomía de los poderes a escala regional y local, ha posibilitado el ingreso del narcotráfico en las zonas de colonización más conflictivas del país (González, 1989; Osorio, 2006; Duncan, 2006; Pardo,2007).
Lo anterior es un claro reflejo de los juegos de poder en torno a la articulación entre lo local, lo regional y lo nacional. En Colombia, la politización sectaria del pueblo ha favorecido el aumento de la violencia. Por consiguiente, se ha presentado una fragmentación por regiones muy fuerte, lo que ha conllevado a un cada vez mayor debilitamiento del imaginario de nación y de la unidad en el país. (González, 1989; Cepeda, 2005)
El escalamiento del conflicto a inicio de los años noventa es una manifestación de la inoperatividad de las instituciones estatales en algunas regiones del país, del debilitamiento del Estado y de la pérdida de su legitimidad (González, 2009).
Otras formas de expresión de esta erosión del Estado han sido los altos niveles de impunidad, dada la corrosión del sistema judicial, que se ha visto expuesto a la presión y las amenazas por parte de los actores armados ilegales, pero que también ha cedido a los ofrecimientos económicos de estos, y por tanto es cómplice de los mismos a causa de la corrupción extendida y el clientelismo a todos los niveles y esferas (Osorio, 2006; Pardo, 2007). En ese momento de la historia colombiana – e incluso hoy en día – este fenómeno ha sido una realidad presente en todos los municipios del territorio nacional. Tal impunidad ha conllevado un considerable aumento de la criminalidad, en tanto no se aplican los castigos y sanciones correspondientes, y a causa de la aplicación de la justicia a mano propia por parte de aquéllos que perdieron la confianza en las instituciones (Pizarro, 2004; Osorio, 2006).

Este fenómeno de corrupción tan arraigado en el sistema judicial ha favorecido la proliferación de armas entre la población civil, así como el fortalecimiento – y por tanto una mayor presencia – de los grupos armados ilegales a lo largo y ancho del territorio nacional. Lo anterior es una consecuencia palpable de la ausencia del Estado en ciertas regiones del país (Pizarro, 2004; Fischer, 2004; Cuervo, 2007).
CONFLICTO Y ESTADO COLOMBIANO: ¿UN ESTADO DÉBIL?

Con la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y la elaboración de una nueva Constitución Política en ese mismo año, se pretendía generar un cambio en la sociedad y el Estado colombiano en general por medio de la reforma de la Carta Constitucional, ampliando los canales de participación política y creando un nuevo marco institucional dentro del cual la nueva normatividad fuera aplicada. Algunas de las razones por las que el Presidente César Gaviria convocó a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, fueron la considerable intensificación del conflicto, en relación directa con el problema del narcotráfico, y la decadencia por la que atravesaban las instituciones estatales a finales de los años ochenta e inicios de los años noventa.
La Constitución de 1991 creó diferentes instituciones que tenían como función principal vigilar que los derechos de los ciudadanos fueran respetados. Algunas de estas instituciones son la Acción de Tutela, la Fiscalía General de la Nación y la Defensoría del Pueblo. El control constitucional, concebido inicialmente como una herramienta para superar el conflicto entre los órganos de poder, se convierte en una garantía para los derechos constitucionales, para que estos sean más efectivos, lo que “contribuye al mantenimiento de la democracia y a la resolución pacífica de conflictos”

A pesar de una historia de democracia ininterrumpida, de la efectividad de instituciones como la Corte Constitucional, y de la estructura institucional con la que cuenta actualmente el Estado colombiano, éste sigue teniendo una incapacidad instrumental a la hora de hacer respetar los derechos establecidos en la Constitución Política, y de asegurar el cumplimiento y la aplicación de normas que suelen parecer simbólicas (Pizarro, 2004). En efecto, ha habido una precariedad del Estado, es decir, el Estado ha sido incapaz de velar por el respeto y el libre ejercicio de los derechos fundamentales en un contexto de conflicto armado interno. En suma, es sido un Estado ineficaz (Alcántara e Ibeas, 2001).
La tradición del poder dividido entre el Estado y los diversos actores al margen de la ley ha contribuido a lo largo de la historia a debilitar las fuerzas del Estado colombiano, de modo que en ocasiones éste ha perdido su capacidad efectiva para garantizar la seguridad y los derechos básicos de los ciudadanos. En dichas ocasiones es cuando otros poderes como los de las mafias del narcotráfico, la guerrilla o los paramilitares se fortalecen y llegan a ser más opresivos (Posada, 2006).
Así pues, factores como la crisis política y de gobernabilidad en los noventa, crisis que continúa durante el gobierno de Andrés Pastrana, sumada a la posterior crisis económica que debe afrontar también este presidente, sirven como pretexto a la guerrilla de las FARC para continuar con su ofensiva aun llamada revolucionaria. Esto puede explicarse en tanto en situaciones de crisis, cuando se presenta un mayor descontento al interior de la sociedad en general, los grupos de guerrilla encuentran mayor acogida en la opinión pública nacional e internacional y logran justificar su actividad armada como forma de reivindicación de los derechos del campesinado y en general de los más desfavorecidos (Pizarro, 2011). En efecto, como lo analiza Daniel Pécaut,
“una organización guerrillera sólo puede desarrollarse y mantenerse en el tiempo si consigue el apoyo de ciertos sectores de la población, asume su experiencia y su memoria, formula sus reivindicaciones explícitas o implícitas y da forma a sus sentimientos de justicia e injusticia.” 

Todas estas características eran cumplidas por los grupos de guerrillas, particularmente las FARC, lo que les permitió contar con la aprobación y la empatía del sector rural, específicamente del campesinado, que veía en estos grupos a los “defensores” de sus luchas (Pécaut, 2008; Pizarro, 2011).
Según Eduardo Pizarro Leongómez (2004), existe una retroalimentación de la violencia en Colombia, una interdependencia entre los diferentes actores que ha tenido como consecuencia un crecimiento alarmante de los niveles de violencia. Este autor explica este fenómeno de la siguiente manera:
“La guerrilla tiene un pie en la criminalidad común (secuestro y extorsión) y en el narcotráfico (impuesto, protección de cultivos y laboratorios, recolección y venta de drogas ilícitas a mayoristas); la criminalidad común, tiene, a su turno, un pie en la política (venta de secuestrados a la guerrilla) y otro en el paramilitarismo (asesinatos por contrato); el paramilitarismo llena sus arcas, ante todo, con recursos provenientes del narcotráfico y una buena parte de sus combatientes provienen de las filas guerrilleras; el narcotráfico, finalmente, alimenta a la guerrilla, a los paramilitares y a la criminalidad común. En pocas palabras, las múltiples violencias se retroalimentan y mediante este reforzamiento mutuo se disparan los índices de criminalidad en el país” (Pizarro, 2004: 25).

LA DEGRADACIÓN DEL CONFLICTO Y LA SOCIEDAD CIVIL: TERROR Y DESPOJO

A lo largo de la historia del país – como se ha venido analizando – es posible contemplar el establecimiento de una economía de guerra basada en el tráfico de drogas, como se observa en la explicación de Pizarro. Los recursos del narcotráfico se han convertido en el soporte económico más importante del conflicto armado en Colombia (Pizarro 2004; 2011).
En el marco de este conflicto, los grupos armados al margen de la ley han tenido como principal estrategia de control el terror y el miedo de la población, lo que les ha permitido ejercer un dominio social, económico y territorial. (Posada, 2006) A partir de la década de los noventa se presenta una notable degradación del conflicto, que se pone de manifiesto en la generalizada violación del Derecho Internacional Humanitario – DIH – y de los derechos humanos – DD.HH. – en el uso sistemático de la fuerza contra la población civil y de prácticas para sembrar el terror, tales como masacres, torturas, desaparición forzada, desplazamiento forzado de individuos y/o grupos. (Osorio, 2006; Jiménez, 2008)
Viendo esto, se puede afirmar que la población civil ha sido la más afectada por las acciones de los grupos armados en Colombia, ya que siempre se ha encontrado en medio de una dinámica en la que se legitima y justifica la comisión de actos atroces a partir de la necesidad de “limpiar” y “depurar” la sociedad. Por ejemplo, en los momentos más complejos de la lucha entre paramilitares y guerrillas, estos grupos, por medio del asesinato de civiles en sus zonas de influencia – que según cada uno de ellos prestaba apoyo al grupo contrario – implementaban dicha estrategia de terror para intimidar las poblaciones de estas áreas (Osorio, 2006; Jiménez, 2008). Las masacres tenían como objetivo que la muerte de unos aterrorizara a millones, lo que facilitaba el control de la población y la apropiación de tierras (Pardo, 2007: 30; Ducan, 2006).
Es así como estos grupos ilegales
“(…) confunden y desconciertan. Bombas, asesinatos –selectivos e indiscriminados-, secuestros, masacres: éstos y otros actos abominables contra la vida humana producen también efectos menos visibles en los ánimos de cualquier sociedad, en el clima de opinión que determina sus decisiones. Y el desconcierto y la confusión se vuelven extremos en la medida en que el terrorismo se prolonga en el tiempo.” (Posada, 2006: 268).

Según las cifras de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento – CODHES, el número de personas desplazadas en Colombia entre el primero de enero de 1985 y el 31 de diciembre de 2011 es de 5.445.406
La crisis que atravesaba el país en este período de los años noventa, era la expresión de los diversos problemas y tensiones acumulados a lo largo de la historia colombiana, es decir, se trataba de una deuda pendiente. El narcotráfico, los paramilitares y las guerrillas surgen, como se ha podido observar, en un panorama político, económico y social deteriorado a causa de las debilidades y las carencias del Estado, y de la degradación cada vez más profunda de la sociedad colombiana en general. Esto provocó entonces una intensificación del problema del desplazamiento forzado interno (Echandía, 2004; Pardo, 2007; Rodríguez, 2009). Miles de familias colombianas han quedado sin techo en el marco de este conflicto, sin bienes ni patrimonio alguno, sin empleo, sin acceso a los servicios básicos, y sus redes sociales y culturales han sufrido una fractura significativa (Osorio, 2006; CNRR, 2009; Rodríguez, 2009).

BARRAS BRAVAS


EDUCACIÓN PARA LA PAZ
GRADO DÉCIMO
SESIÓN 4
Desempeño a desarrollar en la sesión:
Actúa en defensa de su forma de ser y vivir en el mundo, y de otras identidades, incluso, de aquellas de las que no hace parte o en las que no se siente representado. (A)

DESARROLLO
La vinculación a distintos tipos de preferencias deportivas, estéticas, musicales, culturales, religiosas, entre otras, no necesariamente induce a las personas a comportamientos agresivos; no obstante, se ha vuelto habitual que algunos individuos y grupos sociales establezcan formas de identificación excluyentes, discriminadoras con quienes son representados como rivales y, muchas veces, construidos como enemigos.   

El testimonio, que a continuación se presenta, de un integrante de una barra brava de un equipo del fútbol colombiano, ilustra una de las formas más dramáticas de expresión de la violencia en la sociedad actual. 

“YO SOBREVIVÍ A UNA PELEA ENTRE BARRAS BRAVAS EN BUCARAMANGA”
Conozca el testimonio de un hincha del Atlético Nacional quien le narró a Vanguardia Liberal cómo fue una de las riñas que protagonizó en el Parque San Pío de Bucaramanga varios años atrás.
Santiago, un joven bumangués miembro de la barra brava del Club Atlético Nacional, participó en una pelea contra los Comandos Azules de Millonarios en el parque San Pío de Bucaramanga. Este es su testimonio:
“Era un sábado, Nacional jugaba contra Chicó en Medellín hace varios años atrás. Todos acordamos encontrarnos en el parque San Pío para ver juntos el partido en un bar.
Siempre nos veíamos temprano para hablar, así que ese día salí a la 1:30 de la tarde de mi casa, aunque el partido era a las cinco.
Iba vestido con una camisa de la Selección Colombia, una pantaloneta blanca y unos tenis Skeachers azules que me gustaban mucho.
Nunca había querido reunirme con la barra vestido con cosas de Nacional, me parecía que eso daba mucho visaje.
Cuando llegué ya había varios parceros; me senté con ellos y empezamos a hablar acerca del bonche de la semana pasada. Como no había estado, me contaron que los de Millonarios nos habían corrido del parque y que se habían adueñado de él.
Estábamos molestos, ese parque siempre había sido territorio de la barra Los Del Sur y las ‘gallinas’, los hinchas de Millonarios, no podían quitárnoslo. Recuperarlo era cuestión de honor. La tarde pasó tranquila, cuando todos llegaron nos fuimos a un bar para ver el partido, pero cuando cruzamos la carrera 33, aparecieron los ‘tombos’ para hacernos una requisa.
Nos pusieron contra la pared; yo llevaba ‘la pala’ (navaja) en el bolsillo de la pantaloneta, pero no me molesté por tratar de esconderla.
A los demás les quitaron ‘bareta’ (marihuana) y cuatro palas. Yo me quedé esperando a que me requisaran, pero al parecer los ‘tombos’ se cansaron y nos dejaron ir. Pensé que estaba muy de buenas, no me habían quitado nada.
Cuando llegamos al bar pedimos cerveza y nos relajamos. Apenas me tomé como cinco porque casi no llevaba plata.
En ese partido ganamos 2 a 0 en el Atanasio Girardot. Íbamos por el título del Torneo Apertura de la Copa Mustang de ese año.
El triunfo nos energizó, las cosas habían salido bien y era hora de ir a buscar a las gallinas para recuperar lo que era nuestro.

Los Del Sur vs Comandos Azules
Todos caminamos hacia el San Pío por la calle 45; éramos como quince. Cuando cruzamos la carrera 33 y los vimos, empezaron a tirarnos piedras y botellas.
Eran muchos, como 30. Alcanzamos a correr una cuadra, pero un parcero que ya murió, ‘El Tatareto’, paró y nos dijo:
- No, que va... vamos a darles duro, ¿por qué nos vamos a dejar correr si el San Pío es nuestro? ¡Esa es nuestra casa!
Esos gritos nos mentalizaron. Yo fui el primero que caminó hacia el parque, los demás me siguieron. Ahora era matar o morir.
- ¡Nadie corra, nadie mira hacia atrás!, grité.
Me fui de frente, empecé a esquivar las rocas, sólo pensaba que tenía que hacer respetar a Los Del Sur Bucaramanga y que esas gallinas no nos podían correr.
Me imagino que todos me siguieron, porque los otros empezaron a retroceder.
Sólo uno se me vino de frente, creo que le decían ‘El Borracho’, y me pegó con un palo en la pierna izquierda; me acuerdo porque ahí tenía el celular.
Se resbaló después de pegarme y cuando lo vimos en el piso, todos nos fuimos encima con patadas. Yo me alejé del tumulto porque escuché a la gente de los edificios gritar:
- Déjenlo quieto, no sean asesinos.
Cuando volteé a ver, alguien alzó una piedra y se la soltó sobre la cabeza.
En ese momento me di cuenta que se había formado un trancón; ningún carro había querido pasar por ahí, también vi que en la otra esquina estaban los supuestos amigos del tipo.
Las sirenas de los carros de la Policía empezaron a sonar. Entonces corrí con un amigo y su novia. Sólo quería coger un bus que me llevara a mi casa.
Cuando nos subimos, un Policía no lo dejó arrancar y en ese momento encaleté mi pala en el asiento del conductor, no supe cómo lo hice, todo fue cuestión de segundos.
El policía nos hizo bajar, nos preguntó quiénes éramos y porqué corríamos. Miró nuestros antecedentes, nos requisó y como no llevábamos nada, nos dejó ir. Todos salimos corriendo detrás del bus en que había dejado la pala y lo alcanzamos a las tres cuadras.
Cuando le pagamos, saqué mi pala de donde la había dejado.
Me senté en una de las sillas de atrás, al lado de la ventana y no entendía lo que había acabado de pasar. Miré el reloj y apenas habían pasado quince minutos desde que salimos del bar.
Pensé en los que se habían quedado y confié en que no les hubiera pasado nada. Los tres nos miramos y lo único que hicimos fue reírnos, no supe si fue por miedo o porque nos escapamos. De vuelta a la normalidad
Cuando llegué a mi casa había una fiesta, creo que mi prima estaba cumpliendo años. Todos me preguntaron en dónde estaba y yo les dije que viendo el partido. Nadie dijo nada. Tomé aguardiente, me relajé y el tema se me olvidó.
Sin embargo, tenía miedo de que me persiguieran y de que alguien nos sapiara. Al día siguiente no quise salir, me quedé todo el día viendo fútbol y me dormí temprano.
Tres días después mi mamá me levantó asustada con un periódico en las manos y me leyó la nota que habían publicado sobre el bonche.
Ahí me enteré de que ‘El Borracho’ tenía 16 años, que había recibido 10 puñaladas y que fue intervenido quirúrgicamente.
Mi mamá me preguntó que si había estado ahí y obviamente le dije que no. Lo único que podía pensar en ese momento era que los supuestos amigos de ‘El Borracho’ no habían hecho nada para protegerlo, y que finalmente los que le salvaron la vida fueron los gritos de la gente de los edificios, que a la larga, fueron los que nos dispersaron.
No siento culpa porque el tipo sobrevivió y aunque sigo siendo barrista, ya no busco bonches, lo que pasó ese día no lo quiero repetir”.
Tomado de Vanguardia.com (Diario de Bucaramanga) en: http://www.vanguardia. com/santander/region/226715-yo-sobrevivi-a-una-pelea-entre-barras-bravas-enbucaramanga Del 25 de Septiembre de 2013 (Recuperado el 12 de octubre de 2015)

ACTIVIDAD

Luego de leer el testimonio, el grupo se organiza en subgrupos de trabajo, garantizando en cada uno de ellos el balance entre chicos y chicas e hinchas de diversos equipos de fútbol, para que discutan las siguientes cuestiones. Aunque existen marcadas diferencias de carácter histórico, social y cultural entre el conflicto bipartidista de la época de La Violencia y cualquier conflicto local, de carácter sectario, de la actualidad.
El testimonio da cuenta               de la experiencia de un                miembro de la barra brava de un equipo de fútbol, en particular, pero teniendo en cuenta la actual situación de violencia asociada a este deporte, podría ser de cualquier otro, incluyendo el club de tu preferencia:
• ¿Podrías destacar rasgos similares en                otras formas de construcción de identidad excluyentes y discriminadoras, a través del tiempo?
    ¿Cuáles consideras más sobresalientes y por              qué?
    ¿Qué aspectos del relato te parecen más impactantes y por qué?
    ¿Qué papel juega el cuerpo o la expresión corporal en la forma como las personas representan su pertenencia a un grupo (por ejemplo: equipo de fútbol, tipo de música, otros)?
    ¿De qué modos crees que podemos              realizar nuestras preferencias (deportivas, estéticas, musicales, culturales, religiosas, entre otras) sin menospreciar, discriminar y ofender a otras personas?
·      Un amigo tuyo es hincha ferviente de un equipo de fútbol y tiene mucha ira por algo que le hicieron a un compañero de barra, los aficionados de otro equipo, ¿cómo vas a hacer para evitar que actúe de manera violenta?

JJJ

El objetivo del grupo de preguntas de esta actividad es invitar al estudiante a reflexionar sobre las características de su identidad y la de los demás; cómo ésta también se configura en y desde el cuerpo (p.e colores en el pelo, tatuajes con banderas de los equipos de fútbol, pelo corto o largo) y simboliza su pertenencia a diferentes grupos. Con las preguntas se busca que el estudiante reconozca las diferentes identidades como fortaleza para la construcción de una sociedad diversa e incluyente y no como una razón para discriminar o agredir a los otros. Estas preguntas buscan desarrollar en los estudiantes las competencias ciudadanas necesarias para prevenir la discriminación, como por ejemplo el pensamiento crítico y la empatía.

Es necesario resaltar que la guerra o la paz; la violencia o el respeto a los otros no dependen solamente de las decisiones de quienes tienen poder, sino, principalmente, de nuestras acciones y decisiones cotidianas, de la manera como vivimos y disfrutamos lo que somos, lo que nos constituye; de nuestra forma de vivir con los otros.

Es necesario que los alumnos comprendan que la convivencia pacífica se construye  no solo entre pares, con quienes se consideran iguales o pertenecientes a los mismos grupos sociales, sino también, y quizás de modo más prioritario, entre quienes detentan formas distintas de ser y de vivir. Por ello, la exigencia de no discriminación pasa por la comprensión de procesos y experiencias históricas en las que los intereses de las partes en conflicto se expresan y sostienen de forma tan radical y polarizada que alimentan la guerra y la violencia. Este es el caso de las identidades partidistas (liberales y conservadores) en la época de La Violencia, pero también lo es el del conflicto interno actual y, en una escala distinta, el de las barras bravas, de algunos equipos del fútbol colombiano, en los últimos años.  

OPCIONAL: observar el siguiente reportaje que ilustra la manera como en Ciudad Bolívar los integrantes de tres barras bravas llegan a un acuerdo de pacificación y no agresión, con el fin de sumarse a una iniciativa simbólica de plantación de árboles en los cerros como proyecto de incentivar la vida.  Link: http://www.citytv.com.co/videos/433912/pacto-de-paz-entre-barras-bravas


Notas C. Paz 103 2P 2019

C. PAZ 103  2P  2019  Prof: Raúl A Avila R Act 1: Undía de estos 50 % N Nombre 1 PA P ...